Raúl Mainar · Sep 13, 2019 at 13:56
Aunque la bacteria podríamos decir que es la misma (realmente los “tipos” de Salmonella que infectan a aves y cerdos no son exactamente iguales, aunque hay algunos que infectan a ambos indistintamente), e incluso muchos factores de riesgo son los mismos para aves y cerdos (deficiente limpieza y desinfección entre lotes, contaminación del pienso y del agua, el estado sanitario de los animales, contaminación cruzada por botas y utensilios contaminados, presencia de vectores como roedores, escarabajos, aves silvestres y moscas, contaminación durante el transporte al matadero, etc.), existen un par de factores que hoy en día marcan la diferencia.

El primero sería, sin duda, la vacunación. De hecho, la vacunación frente a Salmonella ha sido la estrategia clave en la reducción de la prevalencia de la infección por esta infección en gallinas ponedoras, reproductoras y broilers. Ello ha permitido que en la actualidad la prevalencia de infección en aves se encuentre cercana al 0%, siendo ya el objetivo final su erradicación. Por el contrario, en el cerdo, aunque la vacunación parece efectiva para el control de brotes clínicos asociados con los serotipos más patógenos, S. Choleraesuis y S. Typhimurium, la situación cambia cuando lo que se quiere es intentar evitar la excreción de cerdos subclínicamente infectados, que son los verdaderos causantes de la contaminación de las canales. En este caso, son muchas las cepas y serotipos a controlar y, a menudo, pertenecen a grupos antigénicos diferentes al del antígeno vacunal, surgiendo problemas de protección cruzada. Diversos estudios sugieren que la reducción media de animales excretores que se consigue con la vacunación en las explotaciones rondaría solamente el 30%.

El segundo factor es la bioseguridad. En el caso de las aves, la bioseguridad en las naves de aves es extremadamente superior a la que se puede realizar en las de cerdos. El sistema productivo porcino es más largo, con más fases productivas (lactación, transición, crecimiento, engorde) y mucho más difícil de “cerrar” mediante medidas de bioseguridad debido al mayor flujo de animales entre naves y granjas. Una vacuna eficaz acompañada de estrictas medidas de bioseguridad es garantía de éxito. Una vacuna no tan eficaz y lagunas en la bioseguridad hace mucho más difícil el control de la infección.

Raul Carlos Mainar - Facultad de Veterinaria. Universidad de Zaragoza