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Blanca Perez

12/03/15

Un paso más en la globalización… de las plagas

Bien es sabido que la posición comunitaria, en lo que se refiere a la política comercial de las frutas y hortalizas, se caracteriza por una política de puertas abiertas, lo que contrasta con la dificultad que tenemos los europeos al acceder a mercados exterior más allá de la frontera de los 28. Ya sea por la normativa, dicen, exigida en el seno de la Organización Mundial del Comercio, la actitud paternalista mostrada hacia países con características sociales y políticas distintas a las nuestras, o simplemente por contener los precios, lo cierto es que el mercado está sesgado y distorsionado en favor de los de fuera.

Pese a las constantes denuncias de esta situación, lo único cierto es que no nos queda más remedio que innovar, invertir y mejorar calidad, gama y servicio, para así, poder contrarrestar las ventajas de nuestros competidores en el mercado. Hemos podido hacer frente, y no sin esfuerzo, a los menores costes de producción derivados del dumping social. De igual manera nos venimos sobreponiendo a la exhaustiva normativa aplicable, solo a los productores comunitarios, en materia de residuos y de aplicación y autorización de productos fitosanitarios. Con ello, la caja de resistencia de los productores ha ido menguando paulatinamente hasta que ya es imposible dar respuesta a los últimos acontecimientos consecuencia de estas políticas.

Así, en las últimas fechas han saltado todas las alarmas al haberse detectado, en Galicia y en el norte de Portugal, la presencia de un insecto llamado “Psila africana”. De aspecto parecido a los pulgones, mide unos 2 milímetros de longitud y posee alas largas y transparentes, inicialmente de color verdoso hasta virar al castaño oscuro. Los adultos se alimentan de hojas, lo que genera abultamientos y hojas totalmente retorcidas, Como consecuencia, pueden producir un debilitamiento del árbol y una disminución en la calidad y cantidad de su producción. Pero más allá de los efectos que de modo directo genera en el árbol, por lo que realmente es temido este insecto, es porque es capaz de albergar y transmitir la bacteria causante de una enfermedad que afecta a todas las especies de cítricos sin distinción, conocida como “greening”.

Los daños que provoca el “HLB”, “huanglongbing”, “greening” o enverdecimiento de los cítricos son múltiples y variados, pero con unas consecuencias devastadoras, pues el final del proceso, para el cual no existe remedio alguno en la actualidad, es el debilitamiento y muerte final del árbol. Así, pues, lo que en principio es un insecto más, una plaga menor sin mayor trascendencia en el plano fitosanitario, alberga en su seno una bomba de relojería capaz de arrasar con la riqueza y la historia de todo un cultivo, y con todo un sector económico.

Han sonado las alarmas, como no podría ser de otra manera. Estaciones de aviso y comités de expertos como es el caso del constituido en el seno del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), dependiente de la Conselleria de Agricultura de la Generalitat Valenciana, se han puesto en alerta. No queda más remedio que ponerse manos a la obra. Pero lo cierto, la cruda realidad, es que la amenaza la tenemos ya en la puerta de casa llamando al timbre cuando España estaba libre de la presencia del insecto causante de la infección. Digo mal al decir España, pues la plaga ya se había detectado en el año 2002 en las Islas Canarias, lo cual no preocupaba todavía demasiado por su insularidad.

Pero además, es prioritario saber cómo ha llegado el insecto a la península. Es imprescindible saber qué ha pasado para no volver a incurrir en los mismos errores y vernos atacados por nuevas plagas y enfermedades de las que ahora estamos libres. En el caso canario, nos encontramos con la versión africana de la plagan de origen subsahariano, y que se especuló con que el insecto habría entrado a través de alguna partida de fruta no controlada introducida en la isla. Probablemente la entrada a la península tenga el mismo origen, lo cual denota ineficiencia oficial, o no, por lo que habrá que prevenir otros posibles caminos de llegada de nuevas plagas.

La frustración de los productores de cítricos españoles va más allá de la detección de una plaga por agresiva que sea. La impotencia nos afecta de lleno al ver la política de Bruselas en este tema y su total insensibilidad ni atisbo de rectificación. Sirva como ejemplo de lo dicho, el hecho que llevamos dos campañas denunciando la llegada a Europa de un número más que significativo e intolerable de envíos de cítricos procedentes de Sudáfrica, en los que se ha detectado la presencia del hongo “Guirnardia citricarpa”. Causante de la afección conocida como “Black spot” o “Mancha negra”, es una enfermedad, al igual que el “greening”, de la que estamos por ahora libres, y para la cual una vez detectada, tan solo queda como remedio arrancar el árbol afectado.

Visto lo visto habrá que dar la razón a aquellos países que exigen rigurosos protocolos de importación de nuestras frutas y hortalizas. Pese a las críticas existentes en el sentido de denunciar que estas prácticas son, en el fondo, restricciones encubiertas al mercado, lo cierto es que generan un doble beneficio a su sector. De una parte el más o menos lícito del mercado, y por otra, y es evidente, salvaguardar del riesgo, ya sea real o potencial, de la llega de nuevas plagas invasoras. Mientras Bruselas practica el “buenismo comercial y fitosanitario”, los inspectores de países como Corea, México o Estados Unidos, vienen a España a ver parcelas, almacenes y como se confeccionan los contenedores. Eso si, estas visitas, necesarias para poder exportar, son con cargo al producto español.

La amenaza es muy grave. Cada vez más grave. Cada vez existen más posibilidades de introducción de nuevas plagas de cuarentena, de las cuales hasta ahora estamos libres. Y cada vez existe más relajación en la actitud y en la normativa dispuesta desde Bruselas en este sentido. Quizás el fin último de todo esto, y dicho de un modo irónico, es que cuando tangamos aquí todas las plagas posibles, consecuencia de la ineptitud y el fracaso del responsable último de evitarlo, ya no hará falta inspecciones ni inspectores para entrar en Europa. Bruselas consecuente con el mundo mundial, habrá participado de modo activo en la globalización, también de las plagas.

Barra libre para los que quieran venir y protocolos todavía más exigentes haca los países de destino. Luego tienes que oír desde las altas instancias comunitarias que los problemas derivados del veto ruso se solucionan exportando a más países. Podrían ustedes empezar por aportar su granito de arena.